MI PEQUEÑA FLOR CAPÍTULO I

Amanece en la ciudad un día más y los telediarios bombardean acon la misma noticia...
"La joven de 17 años Marieta Fanjul, hija del conocido empresario Alberto Fanjul y de la exmodelo Norma San Juan, lleva días desaparecida; fue vista por última vez la noche del viernes pasado en la discoteca Soule, uno de los locales más vip de la ciudad; fuentes allegadas a la familia aseguran que la policía no tiene ningún indicio para creer que se trate de un secuestro, y que los próximos días serán cruciales para la investigación; ruegan así mismo a los medios de comunicación que se hagan cargo y piden  a su vez el máximo respeto para la familia."..

Norma recorre con su mirada las paredes del salón de su casa; mientras dá vueltas de un lado para otro; la idea de no volver a ver a su hija, le deja el estómago vacío y el alma rota; intenta apartar esas ideas de su cabeza, pero le cuesta; en realidad Marieta no solía pasar más de una noche fuera y siempre los fines de semana; en ningún momento se le pasó por la cabeza que su ausencia fuera voluntaria; tenía la vida que quería, la ropa que quería y un montón de chicos rondándola a todas horas; no creía que pudiera necesitar nada más; no es que tuviera una relación fluida con su hija, sinó más bien todo lo contrario; era su padre quien la regañaba y estaba todo el día pendiente de ella; aunque Marieta hacía caso omiso de Alberto, y le despachaba con dos zalamerías, que éste aceptaba con agrado; a sabiendas que no cumpliría ninguno de sus castigos y Norma se había acostumbrado a ser una mera expectadora.

Años atrás, cuando Alberto y ella se casaron, era una cotizada modelo; pero aunque al principio, su marido aceptó de buen grado su profesión y no le ponía pegas; no tardó en convencerla que tantos viajes y fotos en las portadas, no eran buena publicidad para sus negocios; y Norma se vio de la noche a la mañana, convertida en una ama de casa rica y aburrida, casada con un hombre rico y aburrido.

Miraba a su marido, sentado en el sillón de siempre, pero no podía arrancar de él ningún amago de expresión; él debía de estar sufriendo tanto como ella, pensaba..., pero el abismo entre los dos era tan palpable, que ya no podían establecer ningún tipo de conexión; eran dos seres en universos distintos, compartiendo el mismo espacio físico, y ya ni siquiera podían tocarse para mitigar el dolor, ni éste ni ningun otro; mientras, Alberto exhalaba el tabaco de su pipa a intervalos casi predecibles; y parecía ojear el periódico, que llevaba tiempo detenido en la misma página:
Ella  fumaba compulsivamente, sin perder de vista el teléfono, como si mirándolo fuera a provocar una respuesta de él; recordaba a Marieta cuando era tan sólo un bebé, su padre se volcó tanto en ella, que Norma pasó a un segundo plano, en todo lo que concernía a la educación de la niña; a medida que se hizo mayor, las cosas fueron a peor y nunca eran escuchadas sus opiniones, había veces que aun estando los tres juntos en una habitación, creía ser invisible para ambos; esto provocó en ella tal grado de inseguridad, que en vez de madurar, los años la habían convertido en una muñeca rota, supeditada a una vida cómoda; y poco a poco se fue refugiando en el alcohol, los rastrillos benéficos y alguna que otra aventura ocasional, que nunca dejaba que durase demasiado.

Alberto, era para todos un respetable hombre de negocios, conservador y educado, al que nunca nadie le había tachado de un mal gesto o de una mala palabra, volcado en el trabajo, incluso era compadecido en el círculo de amigos que frecuentaba, tan conservadores como él; por tener que cargar con el lastre de una mujer medio desquiciada y de una hija libertina y  tan poco recomendable para los prometedores hijos de sus por supuesto, respetables amigos y socios.

A punto de consumir el tabaco de su pipa, miraba de reojo a su mujer, sintiendo en silencio una especie de lástima por ella; hubo en tiempo en que la quiso, aunque nunca hasta el punto de hacer una locura; al fín y al cabo , no era más que una modelo de clase baja, que había triunfado sólo por su belleza y él le dió una vida cómoda y fácil; que para ella hubiera terminado, apenas cumpliera los 30, las modelos de pasarela tienen una vida profesional efímera; que más podía pedir, se decía mientras no dejaba de mirarla por encima de sus gafas; pero ya no podía inspirarle nada más que pena, ni siquiera había sabido envejecer con dignidad, a sus 40 años parecía una mujer mucho mayor, y no sería por falta de dinero..
Mientras reflexionaba, Alberto no sentía el mínimo remordimientlo por la falta de apego que le tenía.Ya reconfortado por su vacío interior de conciencia, se dispone a salir; ya no soporta más el olor del tabaco de Norma, en realidad nunca le ha parecido aceptable que las mujeres fumen como putas de cabaret; y es en ese momento cuando suena el teléfono, ambos se miran con gestos dispares y la mujer corre hasta la mesilla y descuelga el auricular; la policía parece tener pistas sobre el paradero de su hija.