EL DESTINO EN EQUILIBRIO I

BELÉN NECESITA SER ACARICIADA
La cita no sólamente había ido bien, lo siguiente... pensó Belén en cuanto llegó a casa. Curiosamente sintió un resquicio de remordimiento que apenas le duró unos segundos, los mismos que empleó en contemplar la cara de Ricardo que como siempre seguía enfrascado en los juegos del facebook, ajeno a las andanzas de su mujer. El pobre diablo ni siquiera podía imaginar que tan sólo media hora antes Belén había estado revolcándose  en un coche con otro hombre, Allí seguía él con sus chorradas, igual que todos los días, pero eso ya no importaba. El mundo era demasiado imperfecto para encontrar todo lo que se necesitaba en una sola persona. Ahora Belén se sentía feliz y así seguiría si conseguía tiempo suficiente par los dos.

¿Habria logrado al fín el equilibrio o la caída sería tan brutal que  el cosmos entero sucumbiría a sus pies?

El juego psicológico de no intimar demasiado, de coquetear todo el rato y no interar profundamente con alguien que en realidad no necesita que le hagas un plano de tu vida, había sido un fiasco, ya que resulta que Iván ni era tan inocente como ella se pensaba y, como a ella tambien le gustaba estar  jugando a la ironía y al sarcasmo. La atracción entre los dos era evidente y a medida que se iban viendo, Belén lo encontraba más guapo, tenía ese aire de granjero despeinado, pero con clase, el típico chico bueno de peli americana, si, ya lo creo que le gustaba; mucho más de lo que había podido llegar  a imaginar, pero eso no le había impedido mentirle constantemente y, ahora que el chico se le iba metiendo poco a poco en su piel sentía una necesidad imperiosa en remendar todos los embustes con medias verdades que no echaran por tierra su castillo de naipes.
 Al principio todo había sucedido según ella lo había planeado: chico le gusta chica y la colma de piropos, atenciones, la pasea en su deportivo y la lleva siempre a sitios alejados de la ciudad, con la intimidad suficiente para no ser molestados ya que Belén intenta impresionarle ya en la primera cita diciéndole que no le gusta demasiado la gente y quiere estar sólo con él. Hasta ahí todo bien, lo malo comenzó cuando llegaron las preguntas inevitables: ¿vives sóla, estás con alguien?, ¿cuántos años tienes?, respuestas que no hubieran tenido demasiada complicación para una chica soltera y bastante más joven, pero para ella eran una punzada en su ego, ¿porqué querrá saber tanto éste?, pero si uno pregunta lo que no debe, escucha lo que no quiere, se consolaba ella después de colarle mentira tras mentira, "cómo voy a decirle yo a un chico tan joven que hace una semana cumplí trenta y seis años, mira que preguntarme la edad"... "y cómo voy a soltarle así de sopetón que tengo un marido, así no querrá nada serio conmigo y me tratará como a una fulana, no me conviene"...  y lo de vivir sola es mucho mas chic que compartir piso, hasta en eso le mintió.
 Lo que más le preocupaba a Belén era el tema de la diferencia de edad, Iroana la noche que se conocieron había sido muy clara: "ese no tiene ni treinta años, tendrá una novia de venticinco y querrá divertirse contigo, al final estarás en boca de sus amigos, nunca tendrás nada serio con él y se avergonzará de tí a no ser que quieras un gigoló, ¿crees que tendrá valor ese niñato para presentarte a sus padres?, olvídate... y no seas ingenua".
Es cierto... se recreaba Belén en sus palabras con ganas incisivas de hacerse daño, mientras Ricardo había dejado los juegos y se había metido en la cocina para impresionarla con una pizza recalentada.
 ¿Se habrá dado cuenta que ya estoy en casa?, se preguntaba a si misma mientras por otro lado controlaba los mensajes de su móvil, "¡ese capullo no da señales de vida!, ya debería de haberme mandado algo, una de esas bobadas que tanto me gustan, ¿estará perdiendo interés por mí?, "no, lo habría notado, lo tengo bien enganchado, pero si casi nos la pegamos con el coche de tanto meternos mano", "entonces... ¿porqué llevo ya una hora sin saber de él"?. "No cenaré nada" vocea Belén desde el salón, "no me encuentro bien , me meteré en la cama pronto", se dice muy bajito, sólo para ella y con esa lagrimita a punto de salir pero esperando a quedarse sóla para hacerlo.  

Una caricia es el reconocimiento de la existencia otra persona. Los seres humanos tenemos necesidad de ser reconocidos, valorados, apreciados y no ignorados.


IVÁN Y EL ENIGMA DE BELÉN

 Iván fue directo a su habitación, desde que había conocido a Belén no había vuelto a cenar en casa, y se estaba gastando el dinero con demasiada alegría pero no le importaba, "¡dios, que fogosa es y , eso que parecía tan modosita y tirando a sosa"!, "eso de que no está con nadie no me lo trago, es mentirosa como ella sóla, y rara pero está buena la puñetera, ¡está dura como una piedra!", al final no sé ni su edad, tendrá treinta y cinco o cuarenta, pero tendré que decirle que aparenta venticinco para que no se vuelva a mosquear". 
No se había enamorado todavía de ella, pero sabía que era cuestión de tiempo, la atracción entre los dos sobrepasaba los umbrales imaginables y cuando estaba con ella el tiempo no existía, le gustaban esas caídas de ojos que le recordaban a una muñeca y esa manera de vestir tan fashion, estaba harto de niñas que iban siempre embutidas en sus vaqueros para que se les notaran las curvas, y con escotes de vértigo que dejaban ver pechos excesivos y que bajo de ellos bien se podía colocar un boli sin peligro que se cayera. Ella no, con sus tetas tan pequeñitas y turgentes, ella siempre en la medida justa. "¡Que presumida es!", pensaba mientras sonreía con las manos rodeando la nuca, allí en su cama y con poco sueño todavía.
 A él, no se le escapaba el detalle de los rodeos que Belén le hacía dar para dejarla en su casa, "ni a un café me invita a subir... ¿no se avergonzará de mi?, ¡como es un poco pija"! Rápidamente se incorpora, se va a mirar en el espejo, y se pasa la mano por su barba de dos días, "si me la dejo crecer un poco, mejor"...
 A sus veintinueve años Iván no se había enamorado muchas veces, su última novia se llamaba Lucía y tenía veinte años y en cinco meses que estuvieron saliendo, no recordaba ni un sólo momemto memorable, sin embargo ahora ella no hacía otra cosa que irle detrás, pero le había prometido a Belén que no estaría con ninguna mientras se estuvieran conociendo, a lo que ella le había respondido que no le importaba que lo hiciera,
  ¿no eres celosa?  -le preguntó un día, "claro que no", le contestó ella, mintiéndole por enésima vez.

La mentira es un engaño intencionado, consciente y estudios demuestran que el ser humano tarda más tiempo mintiendo que diciendo la verdad. Yo pienso que mentir no es otra cosa que disfrazar la realidad  que nos desagrada y vestirla de los colores  que nos gustan.