CATALINA CAPÍTULO II

Catalina, se recrea masoquista, en aquel segundo en que no pudo elegir; maldice las sombras que le robaron su vida, y le apagaron las luces que ya no puede encender.

"Las dos catalinas que viven en ella, forcejean; una sólo busca herirle y salir corriendo de allí, pero la otra, en el último instante quiere verlo morir".

Carlos, enmaraña los mechones de su pelo,  y se pregunta que hay detrás de su gélida mirada, qué es lo que esconden sus silencios, cuando sabe que está tan lejos, que aunque sus brazos se alargaran hasta el infinito nunca podría alcanzarla...Cura las heridas de su cuerpo con besos de algodón, pero ella sólo percibe el rumor de la saliva, que le recuerda que debajo están las cicatrices, que nunca desaparecerán.

 Hace tiempo que se había dado cuenta, que estaba atrapado en la telaraña que Catalina había tejido a su alrededor, y cuando quiso romperla, ya fue tarde para él, ella ya se había metido en las inflexiones de su voz, en los leucocitos de su sangre, en cada poro de su piel, y lo peor de todo en su vida cotidiana.

 "Estaba en el asiento de atrás del coche, cuando llevaba a sus hijos al colegio, y de repente ya no veía más que sus blancas manos, rodeándole la nuca, y despeinándole su pelo engominado. -eres un facha hijo de puta..le decía; y mientras conducía, una mueca divertida, asomaba por el margen izquierdo de su boca; recordando como ella, le absorbía con furia su cordura y practicaban el sexo más desquiciado, que él pudo imaginar siquiera que existía; al principio sólo a hurtadillas en su celda, pero luego ya incluso en la zona de seguridad; esto se había convertido en algo temerario para los dos, que lo hacía aún más excitante".

 "Estaba en la cama, cuando le hacia el amor a su mujer y, resultaba tan aburrido que deseaba que acabara aún antes de empezar, para poder quedarse a solas con ella, y saborearla en la humedad de sus fantasías".

 "Y estaba también en la comida familiar de los domingos, cuando él libraba y no podía verla, ella se le aparecía de repente, en la mesa sentada junto a él, diciéndole que no soportaba la bazofia que le daban allí, y que le encantaban las frutas del bosque. Se sentaba en sus rodillas y le miraba con ojos de lisonja, mientras mordisqueaba una fresa; que salía y entraba de su boca...El se embriagaba con sus dientes manchados de escarlata, y se levantaba de la mesa, porqué ya no podía seguir comiendo, ni soportar otra presencia, que no fuera la suya. Al día siguiente él aparecía con un montón de chucherías, que Catalina sabía esconder muy bien, pero que indiscretamente  se comía delante de las otras internas, para demostrarles que no era como ellas, porqué si algo seguía conservando, era la vanidad; esto le había traído más de un disgusto y granjeado el recelo de las otras presas, que la veían como una estúpida engreída con aires de diosa caída del cielo".



Pero eso a ella poco le importaba, ni eso ni nada, poco quedaba ya de la chica de barrio que odiaba a los tíos con uniforme y presumía de idealismos con excesiva demagogia; porqué nada había de ideal en el sitio donde estaba, y los tíos, todos llevaban uniforme; y era ella, la que estaba estaba dentro de la jaula y ellos sólo vigilaban desde fuera.



 Catalina, cada día se sentía más axfisiada y ya no le bastaba tener su celda llena de cosas, que en realidad no podía usar más que en su imaginación; en una ocasión salió de las duchas, envuelta en un perfume carísimo, que se le había antojado de repente; y como a Carlos le pareció una insensatez llevárselo, ella empezó a llorar desconsoladamente en una esquina, mientras le decía entre susurros, que era mejor que no volvieran a verse, porqué estaban empezando a murmurar y era muy peligroso para él. A la semana siguiente él volvió con el perfume. Pero cuando las presas olieron el chanel, la rodearon despojándola de su toalla, y empujándola hasta hacerla caer al suelo, una de ellas, que ya le tenía ganas desde hacía tiempo, empezó a patearla, dejándole su cuerpo lleno de cardenales y derramando por él, lo que quedaba en el frasco. Catalina se quedó inmóvil, soportando la humillación, fingiendo que se había desmayado, para que ellas no pudieran ver el dolor en su cara; se dice que vigilaban las talibanas, y que cuando empezó la embestida, se alejaron de la zona de baños, para dar un escarmiento ejemplarizante, tambien para sus compañeros varones; pues los escarceos que algunos funcionarios, tenían con sus presas favoritas, era la comidilla del módulo, aunque todo el mundo hacía la vista gorda; ellas bastante conservadoras, no veían con buenos ojos, la confianza entre presas y guardianes.



 Y la Catalina sensual y temeraria, ya nunca más estuvo sóla; siempre andaba con la otra, que le enseñaba nuevas artes de seducción, cada vez más adictivas, y la castigaba cuando empleaba sus encantos, sólo para que los demás tocaran el cielo; la otra más curtida e irracional, los hacía bajar hasta el infierno; la había visto muy cerca de ella, cuando mató al tipo del restaurante, guiando con sus manos el cuchillo, que ella se resistía a dirigir al corazón, porqué sabía que moriría; y la había visto tambien, cuando la estaban pateando en las duchas, apostada en una esquina, ordenándole que no se moviera; para poder dominarla mejor, y quedarse para siempre en su vida.
Y ya nunca más sintió miedo, ni rabia, ni furia, ni placer...Ya nunca más sintió nada.

                                                                   CONTINUARÁ...