LA CARRETERA

De aquella carretera recuerdo el principio, pero también aquellos largos minutos en que creí que no tendría final. A cada lado de ella había algo parecido a dunas de arena olvidada y, prados enormes con falta de siega. Tan sólo la multitud de florecillas lilas que asomaban entre la hierba y, que gracias al misterio de la noche aparecían como pequeños faros, era en realidad la única belleza que se podía dislumbrar. Apenas tenía curvas y eso me hacía concentrarme más concienzudamente en la sospecha que desde que había salido del motel me estaba corroyendo la mente muy a mi pesar. Yo miraba al hombre que estaba mi lado    intentando mitigar mis dudas pero mis ojos siempre se iban hacia el mismo lado donde hacía ya un rato largo, la visión me había hecho encoger las tripas y luego estaba el frío... aquel frío interno que no me dejaba disimular ni comportarme de una manera normal. La noche era oscura y lúgubre y a mi nunca me había parecido tan aterradora.
Mi acompañante sin embargo no despegaba la vista de la carretrera ni las manos del volante. Solamente en contadas ocasiones, soltaba una y la pasaba suavemente por debajo de mi falda, pero debía de notarme gélida y rápidamente volvía a concentrarse en la conducción; luego estaba el silencio, ya no sólo el nuestro que no habíamos cruzado palabra desde que habíamos salido de la ciudad; lo que en realidad parecía es que el mundo se hubiera terminado y sólo quedáramos él y yo a salvo, atrapados en aquel coche que parecía no llegar nunca a ningún sitio.
 Sabía que tenía que recuperar la temperatura de mi cuerpo y recomponerme; tenía que romper el hielo de una vez y estirar la mano, o despegar los labios, o abrir la puerta y arriesgarme a morir allí mismo, pero no hice nada de eso y seguí allí mirándole, mientras él parecía sumido en su mundo ajeno a mis pensamientos.
 La tormenta que llevaba rato amenazando, se convirtió en ruidosas gotas de agua que caían fuertemente sobre el cristal delantero y el movimiento del parabrisas a punto estuvo de hipnotizarme y hacer que me durmiera, pero el frío ya era insoportable y eso me mantenía alerta. A esas alturas yo estaba segura que él ya había notado mi miedo, mi cara era un libro abierto y por eso se mantenía en silencio. Seguramente ya había planeado perfectamente como deshacerse de mi. Le volví a observar, quería asegurarme que era la misma persona con quien me había acostado aquella noche; escudriñé su perfil, sus manos; sin duda eran las mismas que habían rodado por mi piel, ¿cuántas veces habría estado con él, cuatro, cinco?, en realidad no le conocía mucho y su pelo ahora me parecía menos negro, mas lacio... intenté desprenderme del cinturón de seguridad y al hacerlo de nuevo mis ojos se posaron en la bolsa de plástico que no había dejado de obsesionarme desde que me había subido en aquel coche.
 Tal vez si me hablara y se comportara de otra manera... pero no, era demasiada casualidad, lo que no entendía es porqué la había dejado tan a la vista, podía haberla guardado en el maletero o haberse deshecho de ella. Había algo que no cuadraba o quizás mi suerte ya estaba echada desde hacía tiempo y ya nada importaba...
 Los minutos pasaban despacio y la carretera me seguía pareciendo inmensa e interminable, cerré los ojos por un espacio muy breve de tiempo y cuando los abrí vi la luz: un control de carretera se divisaba desde lejos y el movimiento entre neblinas y lluvia de los chalecos reflectantes de los agentes me hicieron recuperar un poco de la temperatura del cuerpo que había perdido. 
Él aminoró la velocidad y echó un vistazo a mi cinturón de seguridad, pero yo no lo había soltado, ensimismada en la visión de la bolsa y su contenido; entonces tampoco abrió la boca y continuó conduciendo con total tranquilidad sin prestarle ninguna atención a lo que a mi tanto me preocupaba. Aquello me pareció extraño pero por otro lado no debía de temer nada ni esperar que hicieran un registro, o tal vez estaba tan enajenado que no sopesaba las consecuencias de sus actos, pero ya estábamos llegando y yo me sentía a salvo. Ya no importaba nada.
 Cuando el coche paró, yo me solté rápidamente del cinturón y salí escopetada sin ni siquiera recoger mi bolso del asiento de atrás. Recuerdo las caras de asombro de la guardia civil y cómo me acribillaron a preguntas, recuerdo también como hicieron al que hacía tan sólo una hora había sido mi amante, salir del coche con las manos en alto y como lo cachearon de arriba abajo. Me veo a mi misma, todavía en ocasiones señalando la dichosa bolsa de plástico y gritando como una posesa que aquel tipo era el asesino de la niña desaparecida. Había llegado a esa conclusión escuchando las noticias y deduciendo que si de una bolsa de hipermercado asomaba un anorak azul manchado de rojo, por fuerza se trataba de un psicópata que andaba por ahí con ropa manchada de sangre. A mi favor diré que el anorak en cuestión, era del mismo azul que el que llevaba puesto la niña cuando desapareció. La fotografía había sido expuesta una y mil veces en la televisión y tengo que reconocer que me sugestioné.
 Todavía hoy me da mucha verguenza recrear en mi mente como uno de los agentes sacaba la bolsa del coche con su contenido: un anorak enorme manchado de pintura bermellón, un rodillo, varias brochas y unos guantes... pero, claro yo, sólo había visto lo que asomaba por un extremo así que imaginé la película y lo pasé realmente mal haciendo todo tipo de cábalas. Lo cierto es que el tipo era extraño y el silencio en medio del asfalto ayudo mucho a mis fantasías.
  Al cabo de unos días ya más tranquila, no pasé por alto el hecho de que cuando salí cogida de su brazo del motel, me había dicho que iríamos al cine pero, apenas nos adentramos en el aparcamiento, cambió de dirección, aceleró y me dijo que tenía una sorpresa para mí. Esas fueron sus últimas palabras. 

                                                   FIN 

9 comentarios:

Andy dijo...

hola raineta ja ja.... si que me gusta el seudónimo

y de esta entrada decirte que de nuevo la intriga y el ambiente ambiguo mantienen en vilo hasta el final. Un final que pude alterar un poco la imaginacion.
Mucha suerte con todo, se que la tendrás.

un abrazo bea y mo cambies de idea.

gabriel dijo...

HOLA

De nuevo en esta historia el silencio habla más que las palabras, he pasado miedo en esa carretera y he visualizado el temor de la protagonista con esos ojos siempre fijos en una bolsa, y otra vez juegas al equívoco, nada es lo que parece, aunque al final si fue una suerte para la chica encontrar un control, no sabemos el destino que la aguardaba y es que se sabe con quien se acuesta uno pero a veces no con quien se levanta.
genial una vez más
un abrazo

marta dijo...

hola bea

creo que es verdad que a veces no conocemos mucho de las personas que nos rodean, aunque la situacion creo que puede expresar perfectamente como las cosas pueden cambiar con el ambiente adecuado y el mínimo indicio de sospecha. Un coche circulando por una carretera en la noche y un tio del que no se sabe mucho. Bastan y sobran para dar forma a una historia controvertida donde las haya y llena de matices y tus dos puntales creo, el silencio y el frío antesala del miedo.
Todo un reto este relato con tan pocos personajes, eres de lo más de verdad.

un besote enorme y yo tambien te felicito por todo y te deseo suerte pero no la necesitas

p.d.ta
pero te recuerdo que tienes que descansar un poco.

Ximo Segarra "ACAPU" dijo...

Muy buen relato, me lo he leído con ganas de saber qué había en la bolsa, qué había en la mente del conductor y qué había en la mente de la copiloto... Invitas a replantearnos muchos de nuestros miedos: cuánto hay de paranoia y cuánto hay de realidad en esta jungla llena de asfalto y frialdad.
Me viene a la cabeza una peli de hace pocos años, "Lantana", creo que es norteamericana o tal vez australiana, si no la has visto te la recomiendo.

Un abrazo.

la_mirilla_mf dijo...

ma maravilla una vez más como logras la atención del lector.
ya no importa la temática ni el argumento porqué tu siempre logras que lo que escribes sea lo que sea resulte interesante y uno quiera llegar hasta el final, eso no me ocurre siempre en otros blogs. En esta ocasión logras que algo tan reducido como un coche capte toda la atencion y ya como preparas la carretera es ya el escenario perfecto para esta bonita historia
. Para mi tus relatos están a la altura máxima, escribes tan bien que uno ya se sale de la ficcion y quiere saber mas cosas del autor.
besos sinceros

STAROSTA dijo...

HOLA


JEJEJEJE Que bien el final. Me encanta cuando dejas todas las puertas abiertas. Y eso es lo que un escritor debe hacer. Y una obra debe tener exactamente eso: Que sea el receptor el que termine la historia en realidad. Me encanta que siempre hay que leerte toda la historia porque el comienzo no da nunca muchas luces de como sera el final. El desarrollo como siempre impecable. Tienes una mente para escribir que supera mi imaginacion!!!!

EXQUISITO RELATO. PERFECTO.FELICITACIONES


BESOS. CUIDATE.TQM

STAROSTA
(UN PRODUCTO DE TU IMAGINACION)

jose dijo...

A medida que lo leía me preguntaba como terminarías esto, como siempre eres una caja de sorpresas, por eso eres tan especial

un beso guapisima

embrujada dijo...

excelente amiga, no he podido subir anbtes por los carnavale, espero que stés ya mejor, te veo tan poco ahora pero tu bsiempre stás conmigo y uno de estos dias ire a hacerte una visita.

llámame, jo que miedo he pasado en esa carretera de verdad, tu siempre lo consigues.
todo irá bien cierto!
besitos!

LUCÍA dijo...

Hola Bea.
te mando un beso lleno de cariño nena. No he podido leer esta entrada hasta el dia de hoy porqué estamos a tope de trabajo, eso ya lo sabes pero no me la queria perder y sabes que espero que te pongas bien pronto, se que has estado muy malita estos dias pero me alegro que ya estes mejor.
De esta entrada destacaría la intriga que llega a preguntarse al final que es lo que pasa, espero que lo del microrelato no se te olvide si es que tienes fuerzas porque el plazo termina el 17, seria una penita pero tu eres lo mas importante y habra otras oportunidades ahora que llega el veranin.

Un abrazo enorme, te quiero.