MI PEQUEÑA FLOR CAPÍTULO II


"Ella buscaba en brazos canallas y lejanos; la pasión que la hiciera sonreír; devolver al tren de los olvidos; la apatía, el cansancio y el dolor; renacer como diosa del olimpo y volver a cantar en su jardín".
"El juraba ante Satán que la adoraba, que la amaba más allá de todo amor; y seguía respirando en el infierno su aroma de jazmín."            
                  


Marieta mira perpleja al hombre que acaba de entrar, el desconcierto la hace  concentrarse primero en sus zapatos y luego sube la mirada lentamente hasta cruzar sus ojos con los suyos; el hombre se acerca hasta la cama y se sienta despacio muy cerca de ella; él permanece en silencio pero Marieta intenta decir algo y no puede, abre la boca pero tan sólo consigue expulsar el aire; las palabras se ahogan en su garganta una y otra vez.

                                                                                
 El la acaricia el pelo suavemente, entrelazándolo con sus dedos; ella los percibe como lija que lo está desgastando; por primera vez deja de mirarlo fijamente a los ojos y los desvía hacia sus muñecas; el hombre deja de enredar con el pelo y la libera de sus correas; ya libre intenta saltar de la cama, pero él la aprisiona con sus enormes brazos y la domina; ahora ella intenta gritar pero la garganta se vuelve a tragar todos sus exfuerzos.  El la besa en el cuello y sube hasta los pómulos; Marieta ya siente su aliento espeso y caliente muy cerca de su boca y cuando sus labios rozan los suyos; ella vomita sobre él. El hombre se incorpora irritado y la abofetea en la cara; es entonces cuando ella logra por fín que los sonidos ahogados salgan hacia fuera; y llora y grita y vuelve a gritar; el le dice que calle una y otra vez; pero ella sigue gritando. 
El hombre saca de su bolsillo un pañuelo empapado en cloroformo y lo coloca  sobre su boca; recoge del suelo la manta de cuadros y la arropa. En brazos la saca de allí.
                                                   
                                                  

Marieta se despierta todavía bajo los efectos del éter, pero se dá cuenta que ya no sigue en el mismo lugar; está recostada en un sillón amarillo; al lado hay una pequeña mesilla auxiliar con libros y a la izquierda una pequeña televisión de plasma; ella recoge todo con su mirada; unos treinta metros cuadrados de estancia, incluido un pequeño baño; se incorpora dolorida y va directamente hacia la puerta, empuja la manilla, pero como era previsible, la puerta está cerrada con llave; se desploma y se queda sentada en el suelo en posición fetal, permanece así durante un rato muy largo.
Cuando se incorpora siente un hormigueo que le recorre todo su ser y le recuerda que la temperatura de su cuerpo es más baja de lo normal;                                                                                                             

decide  inspeccionar el baño, abre el grifo y se moja la cara y el pelo, después se mete bajo la ducha con el agua muy caliente, porqué ella siempre tiene frío.                              
Su raptor le ha dejado mucha comida sobre la pequeña mesa de pino, situada al lado de los electrodomésticos; con la avidez propia de las garras de un amimal, atrapa una caja de galletas y come compulsivamente, casi sin masticar y dejando que la mitad de ellas se caigan al suelo.                                
                                                                                           

Marieta ya no sabe cuanto tiempo lleva allí; ha perdido la noción de casi todo; sólo sabe que hace días que el raptor no va a visitarla; y ella se siente aliviada; se acomoda en una esquina al lado de la puerta y se entretiene con sus uñas; se las mordisquea por los bordes que antes lucían manicura francesa; las lima con sus dientes hasta donde le permite el umbral del dolor; las llemas de sus dedos están tan enrojecidas que le provocan una risa nerviosa que no puede controlar; tira fuertemente de su pelo; lo separa en mechones muy finos y lo quiebra justo por las puntas; ahora ríe tan fuerte que el sonido se escapa por las rejillas de ventilación, situadas justo bajo el techo. Pero nadie puede  oirla...
                                 .                                                                
 
                                               CONTINUARÁ...
                                               
         

                                                                                                                               

5 comentarios:

LUCÍA dijo...

Hola bea, me he leído esto último y de verdad que esto está al rojo vivo. Me encanta la poesía del principio, es una pasada me encanta Besos de Luci y cuídate mucho...

MARTA dijo...

HOLA bety aquí estoy currando y leyendo esta última historia que has escrito que de verdad que fuerte es. Pero sabes, si me hubiera encontrado este blog por casualidad, sabría que lo has escrito tú porqué te conozco claro y porqué escribes casi como hablas. está impregnado a partes iguales de rebeldía y de belleza.Espero que la gente que te lea, entienda el sentido que tiene todo lo que escribes como lo entiendo yo. Un beso muy grande para tí. y no cambies nunca.

SUSANA dijo...

HOLA BETINA, hola, no conocía esto has cambiado todo, jejjeje uffff me dirás como termina esto, ex que no me aguanto... no verdad, que te quiero y que quiero saber el final ya... besitos de Susi.

Anónimo dijo...

HOLA AMIGA: HACE YA DÍAS QUE NO ME PASO POR AQUÍ Y DE NUEVO ES UN PLACER LEERTE SOLO TE DIRE DOS COSAS: PARA PODER ESCRIBIR ESO, HAS TENIDO QUE VISUALIZARLO ANTES O COMO LO HAS HECHO PARA QUE RESULTE TAN REAL? SI NO LO HAS VIVIDO TU IMAGINACION RESULTA INFINITA. Y OTRA COSA: EL PRINCIPIO QUE HAS INTRODUCIDO AL RELATO ES SUBLIME Y PROCAZ. TE FELICITO... UN SALUDO DE ALGUIEN QUE TE SIGUE DDESDE EL PRINCIPIO.

beatriz dijo...

Hola anónimo,hacía unos días que no me pasaba, quería aclararte algo del comentario, verás es que yo para escribir tengo que visualizar antes la escena, pero en mi mente, sinó cómo?;pero no es necesario que yo lo haya vivido antes,espero que más o menos te haya sacado de la duda. un beso muy grande y espero que hasta pronto, ah y muchas gracias por tus comentarios, es un placer.